¡ZaraGozÁ!
Padeciendo el abandono por parte de mi Toni (que se ha ido a Argentina por unos días), he decidido pasear un poco por esta España "camisa blanca". El destino elegido: la zona Aragonesa de Zaragoza.
Pasear por las orillas del Ebro y disfrutando de una ciudad donde convive el vestigio del Imperio Romano, de la invasión musulmana y la reconquista cristiana. Un poco de historia para centrarnos ante qué nos enfrentamos: Fundada por los romanos en el año 24 A.C., en el mismo lugar de Salduie, pueblo íbero fortificado a orillas del Ebro. Caesaraugusta, primer nombre de la ciudad de Zaragoza, fue el primer difusor de la cultuta romana. Su estructura fortificada la hizo defensora del reino Visigodo. Con la llegada de los musulmanes en el año 714, pasa a ser la capital de la Marca Superior de al-Andalus, independizándose después en el año 1.018 siendo la capital del primer Reino de Taifas. El Rey Alfonso I de Aragón, El Batallador, conquistó la ciudad en 1118. La engrandecieron y le dieron privilegios, consiguiendo para sus habitantes una libertad que no conocían.
Así es Zaragoza, tierra de maños y mañas (habitantes con bastante carácter y mañas!) Tres horas y media separan ZGZ de BCN, el viaje se me hizo ameno: dormí todo el viaje (desafío no difícil pa´esta argenta) Me esperaban en la estación de autobús, Ana y Antonio, quienes enseguida me llevaron de cañas. En aquel bar tuve mi primer contacto con la sangre maña. Pedí una clara (cerveza con limón) y se ve que allí se hace con gaseosa, pues ha costado convencer a la moza que me cambie la bebida. La marcha no paró allí, luego de hacer un mini-recorrido por la ciudad: Basílica del Pilar, Catedral de Salvador (SEO), Plaza de la Hispanidad, Puerta de Deán, Iglesia de la Magdalena, - tapas (arenques)-, Muralla de CaesarAugusto, Arco de los Cotillas, - cañas -, Puente de Piedra, Torreón de la Zuda, Palacio de sastago, Palacio Arzobispal... terminamos de fiesta en un bar con amigos y risas. En aquel bar, antro de los obsequios por el morro, hemos logrado ganar camisetas y bañadores de J&B sin beber whisky alguno.
Pero pasemos a las percepciones que son las más vivas, las que huelen y dejan ese sabor de boca de viajante aventurero. La ciudad da la impresión de ser una gran ciudad en pequeña, mucho por ver pero todo cerca... abarcable en 48 horas...mmm... contando las cañas en 72 horas. Las calles angostas de pueblo dan ese toque íntimo y acogedor que pocas ciudades dejan impregnado en la piel. De noche todo se tiñe de un color anaranjado que quema los vértices de las cúpulas y los adoquines. Las farolas se encienden lentamente abrazando a las torres y uno se ve envuelto en un lugar mágico, las murallas romanas toman vida y emanan esa cuota histórica que uno aspira deseoso. La Basílica del Pilar se viste de lujo espiritual, a tal punto que uno cree en lo que sea total de que el hechizo no se rompa. Al adentrarse en las callecitas angostas y adoquinadas, uno es presa de la lujuria de bares y tapas con especialidades exquisitas y ganadoras de varios concursos culinarios. Arcos por doquier, puertas secretas entre casa y casa donde se erigen las cúpulas almudéjar o barrocas de las iglesias. Palacios en bloque cúbicos hechos de ladrillos y grandes puertas de hierro. Todo un set cinematográfico que te invita a ser parte de la ciudad, la categoría de "turista" se desvanece ante la solidaridad de este pueblo, ante la apertura modesta y mágica de sus muros y torres medievales.
No sé ustedes, pero yo ya estoy allí nuevamente. Recorriendo sus calles, sus misterios, tomando una caña con Agustina de Aragón (defensora de la ciudad contra los franceses) mientras me habla de historia. Exquisito viaje, bah! escapada de fin de semana. Gracias Ana y Antonio (Neo y Moss) por esta experiencia, esta crónica viajera...





