Verano en Viena, Praga y Budapest
Como siempre vuelvo a ustedes con las crónicas totonas, esta
vez el verano europeo nos llevó por las tierras del antiguo Imperio
Austro-Húngaro: Viena, Praga y Budapest. Tres ciudades, tres realidades, tres
culturas similares pero diferentes.Empecemos por Viena, la maravillosa y esplendorosa capital
de Austria. Esta ciudad es magnífica en todos sus aspectos. Las calles amplias
acompañan a una arquitectura imperial, todo parece digno de ver y visitar. Las
guías turísticas se vuelven obsoletas ya que todo merece admiración y unos
segundos de mirada atenta. Perderse en la ciudad es la solución y así de evitar
esa paranoia de exprimir cada referencia en el mapa. A cada paso uno se da
cuenta de que es testigo de una historia “grande”, inigualable: sus construcciones
renacentistas, góticas, sus palacios, museos, teatros, parques dan indicio de
la magnificencia de la corona. La sombra de los Habsburgos ilumina cada rincón,
como el Palacio de Schönbrunn esta antigua residencia de verano imperial llena
de pinturas de grandes artistas y objetos que reflejan la vida cotidiana de la
corte en la época de la emperatriz María Teresa. Allí la bella emperatriz Sisí es
la estrella máxima. Los parques son impresionantes, las fuentes, las flores y
una glorieta espectacular. El complejo Hofburg (Palacio Imperial) no puede
dejarse atrás. Allí nos encontramos con un castillo medieval, la capilla gótica
(donde cantan los Niños Cantores de Viena). Las calles tienen esa mezcla de
nuevo y antiguo, pasear por este complejo te deja ese sabor de boca confuso
pasado-presente. Las calles se llenan de turistas, pero también de carrozas a
caballo. El Ayuntamiento aparece a lo lejos con sus cúpulas como agujas, allí
un amplio parque lo rodea y se festejan las fiesta culturales más importantes de
la ciudad. El Parlamento es algo impresionante, una construcción estilo Panteón
romano vigila la voluntad del pueblo. Mozart es otra estrella, como así otros
importantes músicos. La ciudad parece un nicho cultural, en cada esquina
músicos amateurs ofrecen sus sonatas en violines, contrabajos dejando a los
oyentes con la piel de gallina y deseando que las notas no cesen de fluir. El
museo Belverede alberga pinturas imposibles de olvidar el famoso cuadro de
Klimt “El beso” te deja sin aliento, como también otros pintores. Todo es
magnífico, y uno no puede evitar que le brillen los ojos al caminar a lo largo
de la monumental Ringstrasse: la Ópera, los Museos Quartier, Museo de Artes Aplicadas,
KarlsPltaz, la Opera, los Museos de Historia del Arte y de la Historia Natural,
el Palacio Imperial Hofburg, el Teatro Real,la Universidad, etc. Tres días han
bastado para recorrerla, para perderse y rasguñar los vestigios de la historia.
El siguiente destino fue Praga, ciudad de Kafka. Aquí nos encontramos con una sociedad mucha más dura y agresiva, en los rostros de la gente se nota la lucha de un pueblo abofeteado por varias circunstancias históricas. La ocupación nazi ha marcado sobre la piel la crudeza de una resistencia perdida que se ve en la Plaza Wenceslao (Primavera de Praga). Empecemos por la colina del Castillo que desede lo alto domina el panorama de la capital. El Castillo de Praga es la residencia actual del presidente y antigua sede de los reyes de Bohemia. Allí nos encontramos con la gótica Catedral de San Vito, el palacio real, la calle de los alquimistas o de oro (calle donde se encuentra la antigua casa de Kafka). Desde allí se tiene una panorámica de toda la ciudad, de sus cúpulas y puentes. Praga está dividida claramente por barrios, y cada barrio tiene su encanto y sus características propias. El barrio judío, las iglesias católicas, las zonas de resistencia nazi, los palacios señoriales, los parques llenos de árboles frutales que dieron alimento a estos totones hambrientos de manzanas, cerezas, ciruelas, peras, damascos. La plaza de la ciudad vieja posee fachadas barrocas y renacentistas, con sus cafés, sus omnipresentes músicos ambulantes y sus carretas en la que ofrecen cerveza, vino caliente o panecillos. En la plaza destaca el Ayuntamiento de la Ciudad Vieja con su reloj astronómico (1410), la iglesia de Nuestra Señora de Tyn coronada por sus imponentes agujas góticas y la Iglesia barroca de San Nicolás. Pero lo interesante son los hechos históricos que tuvieron lugar allí: la ejecución de los lideres husitas, el enfrentamiento de los checos a las unidades nazis de las SS. También encuentras en Praga un barrio que pertenecía a una antigua fortaleza. Merece mención especial el Puente de Carlos del arquitecto alemán Peter Parler que cruza el río Vltava. El puente, construido en 1380, es raro encontrarlo sin turistas ni artistas callejeros. Años atrás era la única conexión con la ciudad, y allí se pueden ver las marcas de la historia. Un total de 30 estatuas custodian el puente.
Therezin es una ciudad que hemos visitado también, queda a tres horas de Praga y su atractivo es que allí funcionaba un campo de concentración alemán. Esta ciudad posee solo la atracción de haber sido elegida por los nazis como el ejemplo de “solución judía”. La idea era crear un ghetto judío y mostrar al mundo que los judíos podían vivir y seguir sus costumbres encerrados. Allí nos encontramos con las barracadas judías (lugar donde dormían), un pequeño teatro, el crematorio. La experiencia es muy fuerte, es una visita que te deja sin energías porque no podés evitar recordar a la gente que ha sufrido y muerto allí.
El último destino fue Budapest, Hungría. Esta ciudad que
está dividida por el Danubio en dos zonas: Buda y Pest; pero también está
dividida en noche y día. De día es una ciudad bonita pero s enota el atraso y
corrosión de los edificios ante el dominio comunista, pero de noche todo se
ilumina y es impresionante. De noche tranquilamente podría competir por el
premio a la mejor ciudad (incluyendo París) Extrañamente no hay muchos signos
del comunismo, sólo hemos encontrado por casualidad una plaza con un monolito y
el museo de las estatuas donde se encuentra la cabeza de hierro de Lenin.
Perderse por la ciudad moderna (Pest) recuerda mucho a Buenos Aires, si no fuera
por los carteles en húngaro uno creería que stá caminando por Paseo colón o
cualquier callejuela de San Telmo. Las calles internas son angostas, de hecho
el albergue donde estuvimos era una réplica a un conventillo cualquiera en la
Boca. La ciudad principal fue Buda, en la que se encuentran los
monumentos históricos más importantes, mientras que Pest se ha desarrollado
desde finales del siglo XIX como zona comercial y de ocio de la ciudad. La ciudad de Buda se eleva sobre la orilla del Danubio,
dominando la ciudad el denominado Bastión de los pescadores (declarado por la
Unesco Patrimonio de la Humanidad) El Castillo de Buda está dentro de una
fortificación romana sobre la Colina del Castillo. Al cruzar una de las siete puertas de acceso
del Castillo, nos encontramos con una estatua de San Esteban I, patrono y
fundador de la ciudad, la Iglesia Mathias, el antiguo Ayuntamiento, el Palacio
Real, el Bastión de los Pescadores, los distintos Museos (Galeria Nacional y el
Museo de la Historia), la estatua de la Libertad y varios baños termales. Buda
es la parte más verde de Budapest, y ofrece las panorámicas más bonitas de la
ciudad de Pest (sus puentes, construcciones, la Isla Margarita y el
Parlamento). La manera más mágica de cruzar a Pest es a través del Puente de
las Cadenas, este puente iluminado y custodiado por dos leones que desemboca en
el precioso edificio neogótico del Parlamento. En la zona más moderan (Pest)
visitamos un baño termal que se encuentra en un gran parque donde está la Plaza
de los Héroes rodeado por la Basílica de San Esteban, la ópera y el Museo
Nacional. En esta plaza está la tumba del soldado desconocido. La experiencia
de estar en un baño termal de Hungría es algo genial y más teniendo en cuenta
el relax que esto significó para nuestros pies cansados. Chorros de agua en la
espalda, aguas cálidas y mineralizadas… Fabio aprovechó para jugar una partida
de ajedrez que terminó en empate mientras yo lograba flotar en un agua de 38º. Una
ciudad digna de ser recorrida y admirada, si tienes poco tiempo para dedicarle
a Budapest te aconsejo que vayas de noche, veas las zonas y monumentos
iluminados y esas son las vistas más recomendables.
Bueno espero no haberlos aburrido, ya que me entusiasmo y pierdo noción del tiempo. Es que viajar a veces tiene ese truco, de convertir las fotografías en experiencias y describirlas se hace extenso.








Comentarios sobre Verano en Viena, Praga y Budapest
Budapest: http://carlosjaviergalan.blogspot.com/2007/09/budapest.html
Viena: http://carlosjaviergalan.blogspot.com/2007/09/viena.html
Praga: http://carlosjaviergalan.blogspot.com/2007/10/praga.html
Un saludo