El umbral de los 30
No sé si soy víctima del paso del tiempo, puede ser... Nunca creí que el tema de la mortalidad me afectase, ¡claro! cuando se es joven nada importa. Uno cree que tiene todo el tiempo del mundo para hacer, deshacer, jugar, dejar de jugar, apostar, hacer bancarrota y volver a empezar... pero el tiempo muerde los talones y sin darte cuenta lo tienes respirándote tras la oreja.
Ay! Me hago vieja... y no me lo dice el espejo sino lo que mi cabeza piensa, lo que siento cada vez que me agarra el tiempo tonto y pienso en mi vida, en lo que quiero, en lo que hice... y asalta la gran pregunta ¿estoy donde quiero estar? Mmmm, ¿misterio tal vez?
Sí, seguramente sea este tiempo extra que me chorrea porque estoy con el pie operado en una cama sin moverme, y el tiempo muerto da muuuucho que pensar. Por un lado se agradece este paréntesis en la vida diaria para ver hacia dónde vamos y hacia dónde queremos ir, pero a veces llena de incertidumbre y de cierto malestar el no tener las respuestas deseadas o esperadas. Y uno cae en un mundo imaginario donde se reencuentra con sus diferentes fases: niña, adolescente, pre-adulta y adulta... y hay reproches, risas, nostalgias, planes a futuro, comparaciones y todo lo que cabe en una mochila después de casi 30 años de vida.
A menudo me asaltan sueños de adolescente y me entristece no haber cumplido algunos y tengo ganas de hacerlo, pero como si fuese una simple tarea de poner una tilde en una larga lista... no porque realmente lo desee en esta etapa de mi vida. Y creo que ese vacío, el haberlo deseado en un momento y no desearlo ahora trae angustia... la angustia de que algo cambió, de que yo cambié y que mis prioridades y deseos están lejos de esa niña que soñaba con recorrer el mundo con mochila y varar en pueblos como camarera. Eso ya no lo haré, viajaré pero de otra manera. Ya no más años sabáticos...
Ay... y entonces ataca esa frase que tanto molesta "vive tu vida como si fuese el último" ¿quién puede hacerlo? Si con el día a día que se lleva uno cae en la monotonía de las obligaciones y son apenas momentos de hacerle "pito catalán" al tiempo que transcurre. Es que si además tuviese que vivir cada día tan a pleno, no me alcanzarían las 24 horas del día!
Sí, no hay duda me hago mayor... este umbral fronterizo de los casi 30 que te obliga a replantearte cosas y seguir adelante. Hoy me quitan el sueño otros proyectos, nuevos para mi como una familia, decidir mi lugar en el mundo, hacer lo que me gusta sin tantas obligaciones... es como si entrase en la etapa de cosecha, sin siembra (aunque sé que se siembra igual)... pero una siembra más adulta, con las cosas más en claro (o eso creo)
Pero hay que lanzarse, porque como dice Andrés Calamaro en su tema "Paloma": Vivir así no es vivir, esperando y esperando. Porque vivir es jugar y yo quiero seguir jugando...
¡Pues a jugar se ha dicho!

