Paseando por Valencia

Retomemos viejos hábitos, aquellos en los que los Totones se colgaban mochila al hombro y luego compartían sus viajes con sus gentes. Después de un paréntesis comunicativo, ya que los viajes seguían su curso normal, hoy les traigo algunas reseñas turísticas de Valencia.
Nos llevó a Valencia un concierto, el recital de Andrés Calamaro, creo que de no ser por eso Fabio difícilmente hubiese aceptado viajar a tierras valencianas. La ciudad nos recibió en una estación de tren, un edificio modernista que hace halago a la cultura valenciana ya que tiene en su fachada vegetales, naranjas y flores de azahar típicos de la agricultura de este lugar además de otros ornamentos locales. A la salida de la estación de tren, una enorme plaza de toros se imponía, semejante homenaje a los grandes toreros fue pasada por alto por nuestro afianzado sentimiento anti-taurino para seguir camino hacia la zona con mayor renombre e importancia de Valencia: la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Se trata de un complejo cultural, educativo y lúdico conformado por el Hemisférico, la ciudad de las ciencias, el oceanógrafo y el palacio de las artes diseñado por el famoso arquitecto Calatrava. Rodeado de un inmenso parque verde atestado de gente haciendo picnics, ciclistas y futuras promesas del fútbol este complejo brinda una sensación de espacio puro con su arquitectura futurista y sus canales de agua cristalina. Por dentro nada parece ser tan espectacular como su fachada, cafeterías, tiendas y alguna que otra muestra itinerante parece ser la oferta de este lugar además del oceanógrafo que muestra la vida en el océano.
De allí, nos fuimos a las playas Valencianas, playas amplias y de arena fina cuya brisa golpea tu rostro tratando de tentarte con paellas, mariscos y arroces de todos los colores y sabores. Dicen que no hay mejor paella que la valenciana, pero nosotros víctimas del vegetarismo no hemos ocupado silla en las mesas de la costa. Nuestro próximo destino en e mapa era el casco antiguo, que debido a la lluvia y a la larga distancia que nos separaba hemos decidido tomarnos un tranvía. El casco antiguo es una mezcla de edificios impresionantes con algunos atajos poco atractivos. Calles angostas que obligaban a sortear bolsas de basura, vallas de obra y millones de palomas. De nuestra travesía por la ciudad podemos rescatar: el barrio de El Carme (centro) que nos sorprendía con templos religiosos y monumentos civiles de los más variados estilos: el Museo de Bellas Artes con obras de El Greco, Diego Velásquez, Goya; el Jardín Botánico, los jardines de la Turia (río consumado por los cambios climáticos), el Museo de los restos romanos arqueológicos, la plaza de la Reina con su Catedral impetuosa vigilando la actividad de los mercaderes desde una esquina, la Basílica de la Virgen de los Desamparados, la plaza de la Biblioteca de Valencia adornada con restos arqueológicos de columnas romanas, el palacio de la Generalitat y el Ayuntamiento, el edificio de Correos y Telégrafos, las puertas de entrada a la ciudad con aires de castillo del medioevo y más.
En un ambiente de mercaderes y habitantes sumados por la fe cristiana hemos descubierto Valencia como una ciudad sin prisas, como una ciudad que da la bienvenida a los turistas sin preparación halagadora. Valencia se presenta como una ciudad que no pretende sorprender sino que se deja descubrir con itinerarios en un mapa de papel colorido.
De Valencia nos volvimos con las ganas de Andrés Calamaro (ya que el recital fue cancelado por lluvias) y con una marca más en nuestro mapamundi. Hemos cumplido...





