Extraños Parecidos
¿Te conozco de algún lado? A menudo esta pregunta me asalta cuando de repente encuentro por casualidad un rostro familiar viajando en tren hacia mis obligaciones cotidianas (léase laburo), caminando por las calles al sentir la urgencia de perderme o cuando, torpemente, se me caen cosas al suelo estilo Rexona y una mano amiga me ayuda con mis bártulos de papel. Hoy me pasó algo familiarmete extraño, familiar porque el desarraigo me juega malas pasadas (¡cómo voy a ver a mi papá en Barcelona si está a 16.000 kilómetros!) y extraño porque me deja en el cuerpo esa sensación de estar habitando una dimensión bizarra (¿sos quien creo que sos?).
Caminaba con mi iPod a toda castaña escuchando puro rock n´roll y unos papeles bajo el brazo (una yuppie cualquiera, vaya). Un intento de baile disimulado hizo un revoloteo de brazos y puf! mi declaración de la renta al piso. Tardé en reaccionar, es que ese solo de saxo me puede, pero por suerte el extraño que caminaba frente a mi no. Agachó su cuerpo de Adonis y con una sonrisa en la cara, me miró y me dijo "Buena música, ¿no?", a lo que yo respondí con una risita histérica agazapada "si.."... es que el deseo de ser protagonista de una de esas publis duerme latente en el fondo de cada mujer, ¿o no?

) Los asados con amigos son momentos impagables que nadie se animaría a rechazar. Y por eso, una barra de argentos se ha reunido el pasado sábado en casa de Lili para disfrutar de chorizos, morcillas, chinchulines, vacío, tira de asado... ñamñamñam



