Extraños Parecidos
¿Te conozco de algún lado? A menudo esta pregunta me asalta cuando de repente encuentro por casualidad un rostro familiar viajando en tren hacia mis obligaciones cotidianas (léase laburo), caminando por las calles al sentir la urgencia de perderme o cuando, torpemente, se me caen cosas al suelo estilo Rexona y una mano amiga me ayuda con mis bártulos de papel. Hoy me pasó algo familiarmete extraño, familiar porque el desarraigo me juega malas pasadas (¡cómo voy a ver a mi papá en Barcelona si está a 16.000 kilómetros!) y extraño porque me deja en el cuerpo esa sensación de estar habitando una dimensión bizarra (¿sos quien creo que sos?).
Caminaba con mi iPod a toda castaña escuchando puro rock n´roll y unos papeles bajo el brazo (una yuppie cualquiera, vaya). Un intento de baile disimulado hizo un revoloteo de brazos y puf! mi declaración de la renta al piso. Tardé en reaccionar, es que ese solo de saxo me puede, pero por suerte el extraño que caminaba frente a mi no. Agachó su cuerpo de Adonis y con una sonrisa en la cara, me miró y me dijo "Buena música, ¿no?", a lo que yo respondí con una risita histérica agazapada "si.."... es que el deseo de ser protagonista de una de esas publis duerme latente en el fondo de cada mujer, ¿o no?
Pero además de esta experiencia extra-ordinaria, fuera de lo común, lo sorprendente es que este chico-Adonis era igualito a un colega de mi hermano. Era él, sin dudas... pero claro, diez años atrás. No hay duda de que ese muchacho ha dejado huella en mi recuerdo, era mi enamorado secreto, el príncipe azul de mis cuentos imaginarios cuando tenía doce años (donde la chica se quedaba con el chico), de mis desvelos y alguna que otra lágrima cuando César Banana Pueyrredón cantaba "Cuando amas a alguien"... Ay, ay... qué épocas aquellas!
No mantendré el suspenso, porque no hay nada emocionante por contar. Ni me fuí de copas con el muchacho ni inetrcambiamos teléfonos.. que soy una chica comprometida e idiota! La gran escena terminó con un gracias escupido al suelo y así, sin levantar la cabeza huí de esa situación incómoda. Es que las mujeres somos así, soñamos y soñamos pero cuando la realidad nos regala nuestros deseos dejamos escapar la oportunidad tímidamente.
Lo cierto es que todo el trayecto que duró mi caminata hacia la estación no dejé de preguntarme si era él y lo que es peor, de recrear la escena donde yo era la chica sexy súper desenvuelta... no tengo remedio. No es la primera vez que me pasa, sí esto de encontrar a un Adonis puesto que más bien escasean, sino porque desde hace un tiempo me vengo encontrando con varios rostros conocidos... misterios de la vida. Existe una leyenda popular que todos tenemos un doble en alguna parte del mundo (¿será una idea patrocinada por Hollywood para alimentar el ego de los dobles de las pelis?) No lo sé, tal vez sea una manera de reencontrarse con las personas del pasado y no olvidarnos que la historia se construye con las pequeñas cosas cotidianas.
Yo ya voy 27 años haciendo historia, adornando mi presente que mañana será pasado... no hay duda, al final lo insignificante se revalúa con el tiempo.
A la salud de mis extraños conocidos!

