Crónicas Viajeras: Verano en Italia
Una vez más, para todo este público que nos sigue desde Argentina o algún rincón del mundo (la vida es diversa y viajera), les acercamos nuestras crónicas viajeras. Esta vez, Los Totones, han dejado su huella mochilera en la Madre Patria de Italia (ya que nuestras raíces son dispersas). El itinerario de ruta nos depositó en Milán, Lago Como, Bormio (Parque del Estalvio - Los Alpes), Verona, Bolonia, Nápoles, Pompeya, Paestum, Encolano y la Isla de Capri.
La ruta comenzó en Milán, ciudad de la moda. Al planificar esta ciudad nos encontramos con muchos viajeros que tildaban a Milán de fabril... lamentablemente no compartimos esa opinión ya que si te movés por la ciudad las calles te invitan a zambullirte en una arquitectura muy detallista y con grandes dotes de ilustración. El Duomo, la Galería Vittorio Emanuele II, el teatro Della Scala que se imponen ante la vista del turista que intenta con el objetivo cazar la foto perfecta que nunca se logra porque la magia de lo inalcanzable queda fuera de foco. Sin embargo, ante tanto esplendor, Milán reserva rincones secretos que encantan con su arquitectura y su "dejadez" no turista como la plaza del Mercado (que retoma antiguas prácticas de mercaderes anticuarios) o la seguidilla de iglesias y conventos que deja, como migas de pan, la gran joya que alberga "La Santa Cena" de Leonardo Da Vinci: Santa María Delle Grazie. Como era ya de esperar, entrar en las iglesias de Milán significaba entrar a museos de arte. Si bien los frescos no eran de renombrados pintores, las texturas y los colores incitaban a adentrarse en mitos religiosos y anunciaciones vírgenes a pesar de algún que otro hereje.
Una mención especial se merece la obra de arte de Da Vinci, "La Última Cena" dejaba verse a través de sistemas de puertas de seguridad, alimentando la sed de una de las obras más importantes. Un cuarto en claroscuro desvestía una pared iluminada tenuemente donde los 12 apóstoles se debatían en una mesa mientras Jesús compartía su sangre y su cuerpo. La maravilla de encontrarnos con esa obra fue tal, que los ojos se humedecieron ante las pinceladas, la carga emocional, de justicia, de humanismo, de irrealidad... todo se mezclaba en ese momento de admiración, de dejarse vencer por la historia que acompaña a esa composición artística. Sólo son 30 minutos de quedarse boquiabierto, intentando acariciar con las pestañas la pared y devorar los metros que te separan de ella. Una delicia...
Milán también nos llevó por el Castillo Sforzesco, una construcción renacentista encargada por la familia Sforza en el siglo XV. Este castillo, con sus torres imponentes fue residencia principal de Ludovico el Moro, quien llamó a los artistas más conocidos de la época para transformar la roca en una elegante corte. Actualmente en este monumento que te incita a recorrer su perímetro con la yema de los dedos alberga tres museos Museo de Arte Histórico, conocido por guardar la última obra de Miguel Angel, la inacabada Pietà Rondanini; el museo de Artes Aplicadas, donde se exponen obras de hierro forjado, cerámicas y marfil; y el Museo Arqueológico. La verdad que tan sólo estar dentro del patio del castillo, de cruzar sus puentes defensivos ya es una experiencia de museo.
Para escapar de tanto arte encarnado los Totones tomaron el tren rumbo al Lago Como. Esta zona que queda a 40 minutos de Milán se caracteriza por su tranquilidad natural. Dicen que aquí los artistas vienen a reencontrarse con sus musas inspiradoras, y ya lo creo porque es precioso. El Lago Como es de origen glaciar y tiene una extensión de 145 km., alrededor de este lago se fueron construyendo casitas de cuento ya que el paisaje está bordeado por los Alpes Italianos. Estar allí es sentirse una gaviota extraviada ante la majestuosidad natural del Lago Como.
Nuestro próximo destino fue Bormio, esta ciudad está dentro de la región de los Alpes Italianos, básicamente dentro del Parque Natural del Estalvio. Pero lo fascinante de Bormio es que fue formado por glaciares, es por ello que muchos de éstos son accesibles desde puntos de partida montañeros. Los Totones dedicaron cuatro días de trekking a Bormio con la mala noticia de que el clima no nos acompañó. Sin embargo dentro de este paraíso montañero hemos podido visitar varios lagos, glaciares y hemos desfilado nuestros cuerpitos por valles donde el verde no sólo quemaba los ojos sino que alquilaba una habitación permanente en el olfato. Era mágico iniciar las ascensiones por senderos zigzagueantes mientras la neblina de la lluvia acariciaba nuestros vértices de piel y nos mareaba con esa frescura que a veces quitaba el aliento. Pero como ya les dije, la lluvia obstaculizó la posibilidad de disfrutar de Bormio en todo su resplandor. Por suerte, en la misma ciudad, dimos con unas termas y los Totones se dieron la gran vida de bacanes y se tiraron tres horas en saunas, piletas de agua caliente, chorros relajantes de agua y baños aromáticos... ¡quién puede negarse a ello!
Verona nos recibió con un día de antelación (obligados a cerrar mochilas en Bormio por la lluvia adelantamos el viaje a Verona). La ciudad se asemeja mucho a Florencia, una ciudad pequeña pero con una riqueza concentrada que daba la sensación de abarcar la magia del romanticismo de "Romeo & Julieta", la historia de las construcciones romanas y el olor fresco del río Adige que atraviesa Verona. En Verona pululan las iglesias, los palacios y las heladerías. Pero la esencia de esta ciudad se esconde detrás de una obra de teatro encarnada en el amor que asalta en cada callecita, en cada esquina, en cada vestigio de arco romano que sentencia la arquitectura del lugar. Es la sensación de subirse en una alfombra voladora y dejarse llevar por la nebulosa fantasía de que allí todos somos Romeos y Julietas, que revivimos la historia olvidada en las páginas de un Shakeaspeare. Destacamos de Verona la visita al teatro romano (construido en la época del emperador Augusto) y el anfiteatro romano la Arena (uno de los mayores del mundo construido en el siglo I), estos construcciones romanas que lejos de ser carne de museo son lugares habitables por el pueblo. Allí se organizan eventos, óperas, conciertos, recitales... son lugares vivos, donde lo contemporáneo convive con historias de gladiadores y juglares. El Duomo no se destaca de otras iglesias, la competencia es feroz (y más en una ciudad donde la elegancia del Véneto se hacía notar entre los nobles) y no podés dejar de toparte con Santa Anastacia, San Zeno, San Fermo. Un dato curioso es que la iglesia de San Zeno une a siete iglesias alrededor de un claustro luminoso y barroco, y dentro de este complejo religioso te encontrás con una iglesia o mejor dicho un templo pagano. Es difícil explicar las perlas de Verona porque a cada paso te encuentras con una, como las plazas delle Erbe (antiguo foro de la ciudad romana), dei Signori donde se encuentran la loggia del Consiglio, Palacio Comunale, la torre de los Lamberti, el Palazzo del Tribunal. Estas dos plazas están unidas por un arco del que cuelga una costilla de ballena, y la tradición dice que la costilla caerá cuando pase por debajo la primera joven virgen (en esta batalla parece ser que Magdalena ha ganado). También visitamos el Castelvecchio (Museo cívico de arte) que es un conjunto fortificado construido en 1354 por Cangrande II, según proyecto de Francesco Belvilacqua. Su destino original era la residencia y castillo de guardia del Puente Scaligero, pero durante su construcción hubo una especie de golpe de Estado y no se confió en la seguridad de este ya que el responsable de su construcción dejó de ser "confiable". Lógicamente que no podíamos dejar de pasar por la casa de Romeo (olvidada en los mapas turísticos), la casa de Julieta (donde hay una estatua de bronce y la gente tiene la costumbre de tocarle el seno derecho para atraer la buena suerte) con su balcón emblemático y la tumba de Julieta que deja mucho que desear por su falta de magia y de cuidado (lleno de grafittis y unas flores de plástico ennegrecidas custodian su "descansa en paz"). Es extraño como a medida que escribo estas líneas me dejo llevar por esa sensación dulzona de Verona, es como si con cada palabra me adentrase de nuevo en esa máquina del tiempo que potencia las sensaciones, es como un motor que nunca cansa de estimular los sentidos para que no dejes de sentir, pensar, decir, actuar que Verona es la ciudad de los enamorados... como si Romeo & Julieta intentasen mezclarse en la sangre de uno para revivir esa pasión negada...
Nuestro próximo destino fue un día en Bolonia. Sí, un día pero no lo decimos nosotros sino que apenas llegas a la oficina de turismo de Bolonia te dan un folleto que se titula "Medio día en Bolonia"... la ciudad no tiene mucho por conocer pero si mucho por descubrir. Dicen que Bolonia es una de las ciudades históricas mejor conservadas y que tiene el segundo casco antiguo medieval más grande de Europa. Algunos la llaman la Ciudad Roja por el color de sus tejados y fachadas, y es así porque en el casco antiguo se levantan torres gigantes de ladrillos rojos... en Bolonia todo es rojo que hasta a veces es preciso mirar el cielo para ver algo de celeste y tomar un respiro... pero también Bolonia es uno de los ejes centrales del Partido Comunista Italiano y de la resistencia de los partisanos contra los fascistas en la Segunda Guerra Mundial lo que se muestra claramente en la fachada de la Biblioteca Sala Borsa (construida sobre restos romanos) donde se exponen las fotografías de los asesinados en la Segunda Guerra Mundial (ya sea en combate como por genocidio). La plaza central es lo más impresionante, una fuente de Neptuno da la bienvenida al recorrido turístico y te invita a admirar los palacios color ladrillo que la rodean. Bolonia es una ciudad activa pero a la vez olvidad en el tiempo... es como si la vida te atrapa en cada paso pero al doblar la esquina lo apenas vivido es un recuerdo de un pasado lejano. No sé si es por esa sensación de encierro por las torres, la uniformidad de color, la falta de río o de que el viento corra entre los cabellos, pero Bolonia (sin que esto le reste belleza) es una ciudad quedad, del pasado que intenta por todos los medios mantenerse activa en los mapas. Lo interesante de Bolonia es ponerse a los pies de las Dos Torres (Due Torri). Estas torres conforman el lugar más famoso de Bolonia. La torre más alta, Asinelli, mide casi 98 m y tiene 498 escalones, y la otra torre, Garisenda, no ha podido terminarse porque al estilo Pisa está torcida. La torre Garisenda sólo mide 48 m., aunque en el momento de su construcción medía 60 metros, pero en el siglo XIV fue recortada a causa de que el terreno donde había sido construída estaba cediendo.
Luego de una noche de cantos callejeros en Bolonia y de sándwiches en el cordón de la acera de la estación de tren, los Totones se arroparon en un tren-cucheta para dormir durante siete horas rumbo a Nápoles. Nápoles, tierra de Maradona, de mis bisabuelos maternos... hacia allí fuimos los Totones... hacia una ciudad caótica y sin ley. Al llegar a Nápoles lo primero que pensamos fue "esto es La Boca" pero en su máximo exponente. Una ciudad de callecitas angostas, de ventanas atestadas de ropa secando al sol, de mercados ambulantes, de montañas de basura en cada esquina, de grafittis en cada centímetro de pared... todo este paisaje en medio de autos a toda velocidad y ciclomotores que rozaban tu hombro descaradamente. Creo que la frase que sintetiza Nápoles es la de Fabio, cuando con mapa en mano dijo "bueno, a ver si pasamos estas calles y nos metemos en la parte linda"... esta parte nunca llegó aunque la zona más "turística" del Castell Nuevo y Castell del´Uovo hagan fuerzas junto al Palacio Real, el Teatro San Carlos, la Galería Umberto I cerca de la plaza del Plebiscito intenten seducir al turista. Nápoles reposa histéricamente en su caos a las orillas del Mar Mediterráneo con vistas al Volcán Vesubio y a las islas de Capri, Ischia, Procida y Vivara. De noche el sol muere y la ciudad se ilumina con una luz amarillenta que obnubila a los sentidos para que logres caer en el enamoramiento nocturno de la ciudad. Los Totones ni tontos ni perezosos tenían dos metas: 1) Huir de Nápoles y 2) Comer Pizza en la pizzería más antigua del lugar Brandi (con más de 200 años de trayectoria y creadora de la pizza margarita -muzzarella y tomate-). Y como siempre nos salimos con la nuestra así hicimos...
Nuestra primera huida fue hacia Paestum y Pompeya. Paestum (antigua Posidonia) es una ciudad o mejor dicho pueblito a 85 km de Nápoles (dentro de Salerno) pero que tiene por característica tener en su territorio restos de una ciudad greco-romana. Es increíble la sensación de estar caminando por una ciudad en ruinas pero que a la vez ha dejado a templos como dinosaurios históricos. El respeto que uno siente al admirar semejante obra arquitectónica, repleta de simbologías, creencias, luchas es incalculable. Uno se siente una hormiguita en medio de una peli como Jurassic Park. En Paestum puedes reencontrarte con la cultura griega (aunque después los romanos hayan dejado su huella y reutilizado sus edificaciones), con los restos de tres importantes templos de estilo dórico de la primera mitad del siglo VI AC. Estos templos representaban sus zonas de adoración, y estaban dedicados a Hera, Apolo y a Atenea, aunque fueron inicialmente atribuidos a Neptuno y Ceres en el siglo XVIII.
Después de allí nos tomamos un tren rumbo a Pompeya... día de ruinas encaramos. Como yaa todos deben saber Pompeya fue una ciudad de la Antigua Roma y que su ciudad fue arrasada por le erupción del Vesubio el 24 de agosto del año 79 DC. Es decir que al recorrer Pompeya, recorres una ciudad de ruinas, que gracias a la lava se han conservado las viviendas de esa época de los romanos lo que ha permitido a los arqueólogos e historiadores rearmar la historia de nuestra humanidad. Alrededor de 6 horas cubren el recorrido de esta ciudad que ocupa kilómetros de superficie, bajo el sol agobiante de un verano napolitano, los Totones visitaron cada rincón de Pompeya dejándose sorprender por frescos, viviendas y su arquitectura casi precaria pero con sorprendentes detalles aristocráticos dependiendo del habitante de la casa. Entre estos restos arqueológicos destacamos el Foro, la Casa del Fauno, los teatros romanos, el anfiteatro, las necrópolis, las termas, la villa de los misterios, el Templo de Júpiter y Apolo, el Lupanar, y mucho más que después de tanta ruina y la admiración que arrasa la atención dejamos el mapa de lado y nos concentramos a la pérdida del tiempo, de brújulas para adentrarnos en un mundo totalmente ajeno pero intrigante. Pompeya es como estar en otro tiempo y lugar, como irrumpir en tiempos pasados para echar un vistazo que siempre tiene sed de más, de ir más allá de las paredes para intentar que las ruinas cobren forma y nos cuenten su historia. Todo es sorpresa, todo es polvo y memoria... allí se descubre Pompeya. El cuento se rompe cuando de tanto en tanto encuentras en el interior de algunas casas en ruinas una vitrina con un cuerpo-cadáver dentro, uno se estremece al reconocer la postura de protección y de terror de los habitantes de esa época ante la amenaza de la lava. Una imagen realmente inquietante que aun hoy me pone la piel de gallina. El día nos depositó en la cama, con los tobillos cansados y cubiertos de polvo.
Al otro día, después de tanta carga histórica y emocional, decidimos cruzar el charco y zambullirnos en la frivolidad de la Isla de Capri. Lo que puede destacarse de Capri, que mide 10,36 km², es la Marina Piccola (puerto pequeño), el Belvedere de Tragara (paseo panorámico sembrado de villas), los macizos calizos que destacan del mar (los "Faraglioni"), Anacapri, la Gruta Azul ("Grotta Azzurra"). Al cruzar el mar sentimos como el caos de Nápoles desaparecía para adentrarnos en una ciudad donde las grandes marcas te invitan a pelar tus bolsillos, los baretos se llenan de mesas con tragos extravagantes y la gente camina como si toda la isla fuese un club de vacaciones (nada es real...) Los Totones apostaron por la Gruta Azul, un trayecto que consta de un paseo de 5 minutos en bote dentro de una cueva donde el agua del mar se vuelve de un azul fosforescente. Esta Gruta era utilizada por los emperadores Romanos, que descansaban en chalets, como baño privado. Capri puede identificarse con la frase "tanto tienes, tanto vales", en Capri todo tiene un precio y no es precisamente barato. Todas las playas paradisíacas (por su agua cristalina, pero sus rocas como arena), son de pago. Recorrer la costa de Capri es como sentirse en tierra de nadie, porque existen zonas despobladas (lejos del caudal turístico) no aptas para el público que los Totones han logrado colonizar. Capri en nuestro itinerario de viaje fue sinónimo de descanso y así lo hicimos... nadando con los peces haciéndonos cosquillas en la planta de los pies, el picnic sobre acantilados frente al horizonte cristalino... ay! ¡quien tuviera lápiz y papel para escribir un poema!
El último día en Nápoles se lo dedicamos a Ercolano y al Vesubio. El espíritu de estos dos caminantes convencieron al sentido común y al cansancio arrastrado de todas las vacaciones a que subir el Vesubio era posible. La hazaña terminó en hacer dedo al costado del camino y que un auto nos subiese y bajase. La sensación de estar bordeando la boca de un volcán aún activo es impresionante, además la niebla de vez en cuando hacía el efecto óptico de humo sobre el Vesubio lo que daba esa sensación de alerta, el Vesubio se dejaba respetar con un gruñido mudo que resonaba en la consciencia. Ercolano también tiene una ciudad que fue afectada por el Vesubio en el año 79 DC, pero en comparación con Pompeya sus ruinas son casi nulas, sin embargo el tipo de arquitectura que se reconoce debajo de las excavaciones arqueológicas es totalmente diferente a Pompeya. En Ercolano se distingue un tipo de vivienda más moderna, lo que hace que la magia que se reconoce en Pompeya sea casi nula.
Sé que esta vez esta crónica viajera se ha extendido más de la cuenta, pero no pueden negar que el viaje lo merecía... recorrer Italia de norte a sur es toda una experiencia donde no sólo pesa los kilómetros recorridos sino el contraste de formas de vida que caracterizan cada joya italiana.
Espero no haberlos aburrido... ¡hasta la próxima!








Comentarios sobre Crónicas Viajeras: Verano en Italia
muy bonita experiencia