Unas Fiestas de Festejo
Es raro que me siente frente al PC para escribir unas líneas, bah! no es raro que escriba, pero sí que lo haga en estas fechas de festejo. Debo confesar que no soy fanática de religión alguna, o sí pero no se conoce su nombre ya que pulula en mi cuerpo sin necesidad de salir a la luz y buscar adeptos... yo soy su máxima predicadora (aunque a veces me vaya por la tangente y mis actos sean mi ruina).
Lo cierto es que se acerca fin de año para volver a comenzar uno nuevo. Es extraña esta sensación de tener esa mirada atenta en algo que supone un cambio, pero que a nivel corporal nada cambia... a ver, me explico: por ejemplo en mi caso Julieta (léase yo) tiene esa sensación galopante de que algo termina. Mi cuerpo y mente se acomoda para poner pausa en el control remot, tomarme un respiro ante tanta vorágine diaria y cuando recién esté preparada, darle al "play". Pero no hay tal pausa, no hay tal respiro... sólo unos días de fiesta que tratan de calmar a la fiera interna pero que no alcanza porque uno está cansado de perseguir metas, uno está harto de correr detrás de los sueños (aunque no baje los brazos), uno está agitado de seguir este ritmo tan alocado en el que se ve inmerso a veces sin quererlo. Pero nos venden eso de que fin de año es fecha de balances, de que el año nuevo te da la chance de sembrar nuevos proyectos... ¡ojo! que no lo niego pero es un grado de exigencia que a veces puede ser desvastador.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Cuando me dijeron en el laburo que tenía que ir a Palma de Mallorca por negocios, mi cara no fue de felicidad. "Pringué!", pensé... claro! la idea de madrugar a las 6 de la matina, tomar un avión y estar visitando clientes y volver a las tantas de vuelta para Barcelona no me seducía pero no todo fue tan malo.

El 8 de diciembre los Totones han viajado otra vez. Noostros no perdemos la oportunidad para expandir las alas y aterrizar en otros paisajes, con otras gentes y costumbres. Esta vez fue el turno de Sevilla y Ronda... "vuelvo al sur..."
Las etapas culminan y nuevos horizontes se abren. La avidez
de cambio y nuevos retos tiene su parte negativa, dejar muchas cosas atrás.
Cuando estudié economía había un término que representaba esto “opportunity
cost”. Esto significa que a la hora de elegir entre uno y otro, uno hace un
análisis de lo que más valora descartando lo otro. Aquí se abre una brecha y
una sensación de pérdida que reorganiza las energías y deseos.
Como siempre vuelvo a ustedes con las crónicas totonas, esta
vez el verano europeo nos llevó por las tierras del antiguo Imperio
Austro-Húngaro: Viena, Praga y Budapest. Tres ciudades, tres realidades, tres
culturas similares pero diferentes.
